“Las violencias y las desigualdades afectan la vida de la gente y cambian los modos de relacionarnos”

El coordinador general de la Defensorí­a del Pueblo de la Nación, Alejandro Nató, habló con EL POPULAR en su paso por Olavarrí­a.

 

                                                            

El especialista en conflictos públicos habló de la necesidad de crear ámbitos de diálogo y de oportunidades para aquellos que “no pueden hacer oí­r su voz”. Dijo que Estado y los actores sociales deben unir mecanismos de acción que posibiliten modificar una realidad social cada vez más fragmentada y menos inclusiva. Se refirió al conflicto en la localidad de Zárate y definió que la justicia por mano propia “más que una acción deliberada es una barbaridad pública”. “Tenemos que volver a pensar en qué sociedad tenemos, qué sociedad queremos y a qué tipo de sociedad vamos”. Las palabras son del coordinador general de la Defensorí­a del Pueblo de la Nación y especialista en conflictos públicos, Alejandro Nató, quien visitó Olavarrí­a el jueves para ofrecer una capacitación a policí­as y una charla sobre el rol del dirigente social en los conflictos comunitarios.
En diálogo con EL POPULAR, Alejandro Nató habló de la necesidad de crear ámbitos de diálogo y de oportunidades para aquellos que “no pueden hacer oí­r su voz”. Dijo que Estado y los actores sociales deben unir mecanismos de acción que posibiliten modificar una realidad social cada vez más fragmentada y menos inclusiva, condimentos que desembocan en una sociedad más violenta.
Se refirió al conflicto en la localidad de Zárate, donde un carnicero terminó atropellando a un ladrón que entró en su comercio y definió que la justicia por mano propia “más que una acción deliberada es una barbaridad pública”. 
Nató sostuvo que “me parece que estamos yendo hacia un canibalismo social innecesario” y planteó que “hoy, la defensa de este tipo de circunstancias tiene que ver con mayores campos de contención social”.
-¿A qué tipo de conflictos se refiere cuando habla de conflictos comunitarios?
-En los conflictos sociales, urbanos o territoriales se da la caracterí­stica de la emergencia del conflicto en clave de protesta, en clave de simultaneidad, de espontaneidad. Esas multiformas que tiene la manifestación conflictiva requiere de tomar el conflicto en su etapa temprana en sus primeros sí­ntomas. Allí­ es cuando habitualmente la gente se posiciona y da a conocer su malestar. Y es allí­ donde habitualmente hay una práctica tanto del Estado como de los mismos que pudieran llegar a contribuir en el conflicto, esto es actores de la sociedad civil, como que hasta que el conflicto no llega a mayores no se lo toma en cuenta. Y son conflictos con una carga emocional muy profunda en donde si no hay cauce para que se canalice, si no hay ámbitos en donde se permita el drenar con un enfoque dialógico, con un espacio de posibilidad, con una caracterí­stica de rol intermedio dentro de la sociedad, posiblemente esos conflictos sigan escalando y lleguen a mayores, con manifestaciones ya inesperadas. 
-¿A quiénes les corresponde evitar que se llegue a un conflicto mayor o a situaciones de violencia?
-Hoy, el mismo dispositivo estatal social posiblemente no esté preparado para eso. Entonces uno dice: esto es violencia. Y posiblemente no sea violencia, posiblemente haya violencia institucional por no haber tenido el ámbito de contención necesario o de posibilidad para que esa persona haga oí­r su voz o muestre su malestar. En esto no solo el Estado tiene que replantear su rol dentro del campo de lo social y de lo urbano, sino que el actor social también tiene un rol. Y cuando hablamos de los dirigentes sociales o cuando vemos los espacios intermedios de la sociedad, vemos espacios virtuosos para atender conflictos. Quienes pueden estar en esa etapa temprana son aquellos que a veces incentivan más el conflicto por su omisión que por su acción. En esa etapa temprana, en ese lugar donde se manifiestan primariamente los conflictos es donde deberí­a haber mayor foco: hablo de docentes, de referentes variables, de referentes de clubes. A esos dirigentes sociales apuntamos. Y esa etapa de alerta temprana requiere que haya mayor compromiso y mayor conciencia por parte de aquellos que pueden hacer algo. No hagamos lo mismo que hace el Estado, que hasta que no esté el conflicto en lo medios, no está. Porque después pasan las cosas que estamos viendo, aparecen situaciones de canibalismo social, puebladas… La pregunta es qué hicimos antes.
La sociedad que tenemos
-En el último tiempo se han vivido situaciones muy violentas donde la gente dirime si está de un lado o del otro. El caso del médico que actuó en defensa propia cuando lo asaltaron o el caso de Zárate donde un carnicero persiguió a un ladrón y terminó atropellándolo. 
-Lo que pasó en Zárate es una manifestación sintomática de una situación especial. Yo viví­ en Bolivia donde habí­a justicia comunitaria. Es decir, estaba constitucionalmente prevista la justicia comunitaria. Eso que pasó ahí­ no está previsto ni siquiera en la justicia comunitaria. La justicia por mano propia es tan delito como el que comete un delito. Después se puede ver si hay algún justificativo, eso lo va a ponderar el Juez, pero esta reacción violenta como forma de resolver las cosas, tomar la justicia con mano propia, más que una acción deliberada es una barbaridad pública, es una atrocidad y habla muy mal de la sociedad que tenemos.
-¿Qué sociedad tenemos?
-No hay dudas de que las violencias y las desigualdades afectan la vida cotidiana de la gente y cambian los modos de relacionarnos. Hoy no existen las reacciones que existí­an antes. Las reacciones son movilizadas por el tipo de sociedad vamos construyendo. Acá hubo desde un 2001 en la Argentina hasta situaciones donde la sociedad fue entendiendo que escandalizando consigue más cosas. Esto se ve en las guardias de los hospitales, en el maltrato hacia algunos docentes o médicos. Hoy en dí­a, ese tipo de ví­nculos relacionales no son los mismos. Se desdibujan los lí­mites de tal forma que hay quien cree que puede hacer justicia por mano propia y está bien. Y el problema no es quién lo hace, porque podemos decir que tiene una conducta desviada o un disvalor, el problema es el aval social. Tenemos que volver a pensar qué sociedad tenemos, qué sociedad queremos y hacia qué tipo de sociedad vamos.
-¿Cómo modificar esta realidad desde el rol de los dirigentes sociales? En todo caso, ese rol deberí­a estar acompañado con polí­ticas públicas más inclusivas, con más oportunidades…
-Hoy las ciudades con fragmentaciones, con lo dual dentro de la ciudad, con dinámicas de exclusión, requieren de mucho mayor compromiso y muchas más acciones de las que se están teniendo. Esto pensando no solo en el derecho de algunos en la ciudad porque muchos ya lo tienen por el hecho de estar integrados, el tema es cómo hacemos para integrar a los que no están integrados. Y en ese sentido es donde hay que marcar una responsabilidad mayor porque son dispositivos asimétricos y en esos dispositivos asimétricos sin dudas cambian las reglas de juego, lo que demanda también un cambio en el rol de quienes tienen mayor responsabilidad. Sin dudas que si las polí­ticas no acompañan el cambio difí­cilmente se logre.
Los actores sociales
“Creo que los dirigentes sociales, ya por el hecho de ser dirigentes sociales, tienen una capacidad porque asumieron esa responsabilidad extra”, sostuvo Alejandro Nató. 
En este contexto, planteó que “la necesidad de ir obteniendo mayores recursos para poder atender a las circunstancias que estamos viviendo nos interpela cada vez más como actores de la sociedad para tener otro tipo de sensibilidad que no sea solo €˜con lo mí­o alcanza€™. Con lo mí­o solo no alcanza porque tenemos la sociedad que tenemos. A eso hay que adosarle algún tipo de aditamento que tenga que ver con instrumentos de acción en diferentes ámbitos”. 
Para el especialista en conflictos públicos, “el tener un rol proactivo, el tener una sensibilidad especial, el poder ofrecer espacios de contención, dar señales de alerta y a quiénes dar esas señales, requiere de la toma de conciencia. Y esa toma de conciencia es lo que estamos tratando en diferentes ámbitos de las capas de la sociedad”.
Alejandro Nató sostuvo que “no todos recurren a la mediación comunitaria. Por eso estamos trabajando con actores que puedan tener incidencia en el conflicto sin que lleguen a la mediación propiamente dicha. Un trabajador social que llegue al conflicto, un docente que está viendo lo que le pasa… Esto requiere un vuelco hacia un mayor compromiso por parte de los diferentes actores de la vida social. Lo estatal es fundamental, pero también lo que se haga desde la sociedad”.

Publicado por: Diario Popular (República Argentina) el 18 de septiembre del 2016.

 

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