€œAunque no parezca, Ni Una Menos logró rápidos cambios culturales€

Lo dijo Alejandro Nato, director de gestión de conflictos de la Defensorí­a del Pueblo de la Nación, que ayer disertó sobre mediación. Sostuvo que la violencia es inherente al mundo urbano contemporáneo.

                                                                               

€œAunque no lo parezca, el colectivo Ni Una Menos logró cambios culturales a pasos agigantados€, sostuvo Alejandro Nato, candidato a defensor del Pueblo de la Nación y funcionario de carrera de la oficina del ombudsman. De visita en la ciudad para brindar una conferencia sobre mediación, se refirió a la problemática de género y destacó los avances en la materia alcanzados en los últimos tiempos, si bien admitió que aún falta mucho camino por recorrer. También aseguró que es inevitable el conflicto social, y aclaró que hay que trabajar contra la violencia como respuesta.
Nato es presidente del centro internacional para el estudio de la democracia y la paz social, y está a cargo del área de gestión de conflictos de la Defensorí­a del Pueblo de la Nación. Ayer disertó en el palacio municipal, en una conferencia sobre mediación organizada por la Defensorí­a del Pueblo de Rí­o Cuarto.
Aprovechando su estadí­a en la ciudad, este diario le preguntó por lo que socialmente se percibe como un aumento de la conflictividad social.
€œCada vez avanza más, en la convivencia, el sentido de las violencias que se dan en lo social-urbano. Y las ciudades son los lugares donde se manifiestan con mayor magnitud. Esto es por la densidad poblacional, la forma de relacionarse que tiene la gente, una cultura cada vez más individualista, que genera una fuerte tensión en los ví­nculos sociales€, describió Nato.
-¿Con qué vincula este fenómeno?
-Las desigualdades profundas, que producen fragmentaciones urbanas, entre las personas, creando estereotipos y prejuicios que llevan a no reconocer al otro. Todo esto hace que vengan los miedos, con estigmatizaciones, etiquetamientos y discriminaciones. Nosotros trabajamos en estos ámbitos por los derechos de todos, poniendo a disposición un ámbito de un tercero mediador, que ayuda a que las partes en conflicto le puedan encontrar una salida. Y esto no es para que no haya conflictos, sino para que no haya violencia, porque el conflicto es inevitable en una sociedad que tiene desigualdades y exclusión.
-¿Por qué parecen imponerse estas formas violentas de resolver los conflictos?
-Las violencias dentro de la sociedad tienen múltiples causas, y hoy se dan en modo encadenado la violencia directa, la estructural y la cultural. Esto tiene que ver con hábitos de consumos, con lógicas de subjetivación a partir del enfrentamiento con el otro, con la polarización polí­tica. Muchas veces, esa cultura de la polaridad se traslada a los hogares. También existe otra realidad, que es la de una sociedad en la que las personas no quieren convivir, sino coexistir, y  quieren que les saquen al otro de encima, que lo protejan del otro.
Avances en la cuestión de género
-Está en debate en el paí­s la violencia de género, ¿qué mirada tiene sobre esto?
-No hay dudas de que esto tiene que tener un cambio cultural que deberí­a ser abrupto y no progresivo. Pero es cierto que a partir de la irrupción del colectivo Ni Una Menos empezó a haber mayor conciencia. La Defensorí­a del Pueblo acompañó todo este proceso, y al mismo tiempo creamos una oficina de género que articula polí­ticas en este sentido, en pos de un cambio cultural. No es un tema sólo de las mujeres, sino que el machismo está afectando fuertemente la vida en comunidad. Al mismo tiempo, los femicidios, que hoy están en agenda, tienen que erradicarse definitivamente. Sin embargo, las estadí­sticas demuestran que los femicidios son hechos que están más que vigentes por la cultura machista que predomina en nuestra sociedad. Y cuesta mucho deconstruir este machismo patriarcal que viene desde hace casi 2 mil años. Por eso todaví­a existen diferencias entre los géneros en el campo laboral, en el campo de integración cultural, en el campo de la vida social.  La mujer todaví­a tiene un lugar de destrato o de inferioridad, y allí­ es donde la Defensorí­a debe trabajar para intentar equilibrar la situación. Acá aparece el tema del cupo: ¿debe estar sólo en el Congreso o tiene que quedar establecido en todas las instituciones? Es allí­ donde la Defensorí­a trata de influir para que las leyes sindicales y los empresarios lo contemplen. En el último encuentro de Idea se tocó el tema de género. Parece que no, pero el camino que ha generado Ni Una Menos como colectivo social que ganó las calles, con una participación cada vez más amplia desde el punto de vista de los sectores que convoca, hace avanzar el cambio cultural a pasos agigantados. Así­ y todo, falta mucho por hacer.

Publicado por: Puntal (República Argentina) el 28 de noviembre del 2016

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